El Centenario pegó fuerte en los habitantes de Allen. Una de las manifestaciones que me parecen más evidentes, es la súbita inclinación a la escritura de vecinos de diferentes edades y ocupaciones. Leyendo algunos de estos escritos, noté que se circunscriben a hechos y figuras de un sector geográfico de la ciudad, el "centro viejo", o "casco histórico", por llamarle de alguna manera, incluyendo, pocas veces, personajes de algún barrio o de la zona rural.
Los allenses nativos tenemos grabado a fuego el paisaje de nuestra niñez, esos lugares llenos de significación en nuestra historia personal, y que fueron parte de nuestra constitución como seres sociales. A través de esos lugares y personas, y no otros, fue que conocimos nuestro mundo, donde conformamos nuestra identidad. Y ahí es donde reparé en el detalle: los lugares y personajes que mayormente se recuerdan en los escritos a los que accedí, no coinciden con los que permanecen en mis recuerdos. Porque yo crecí en una chacra pequeña, de tres hectáreas, con una bodeguita en uno de sus extremos. En el lugar en que estaba la bodeguita, hoy está la Escuela Especial, y en el resto, metros más, metros menos, el plan de viviendas 25 de mayo. Como antiguamente esas tierras pertenecieron al Coronel Gazzari, el barrio donde luego mis padres edificaron su casa, se llamó Barrio Gazzari. De mis primeros años, yo recuerdo que allí vivian la familia Scagliotti, los Peñalva, los Roberts, la familia Gómez, la familia Castro, la familia Currín, el vasco Alzugúren, la familia Ceijas, la familia Silba, la familia Guevara. Y rodeando el barrio, estábamos nosotros, los Eguinoa, que vivíamos en la chacrita de don Pedro Insúa, Juancito Scagliotti y Juana Scagliotti, que vivían en sus tierras, la familia Martínez, que vivían en una chacra en donde hoy está la Dole, y Bocha Bonnet, que vivía con su mamá en una chacra que tenía el sauce llorón más lindo del mundo, porque abriendo sus ramas, que llegaban a dos centímetros del suelo, se encontraba una hamaca que a mí me parecía que pendía del cielo, de alta que era... Luego, hacia el Oeste, el barrio San Juan, y terminaba el pueblo. Hacia el este, la familia Nardelli y el barrio Mir. En el medio, terrenos baldíos, donde hoy está la cancha de Unión. Era un lugar semi urbanizado, y nos conectábamos más con la gente de las chacras cercanas que con el centro del pueblo, que nos quedaba bastante lejos, ¡a seis cuadras de la Avda Roca! Ese fue el principal escenario de mi infancia. Y el otro, el que visitaba una vez por semana, más o menos, era la casa de mi abuela Juana. Esta ubicada en Dr Velazco y Sáenz Peña, y todavía se conserva en pie la vieja herrería de mi abuelo, ahora convertida en taller. Ese fue el otro barrio de mi niñez. Otro día quizá me detenga en él.
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