miércoles, 19 de mayo de 2010
LITERATURA
Con mi amiga Marilyn seguimos intentando crear un espacio de encuentro para los que leemos por placer. Lo necesitamos, quizá porque nos cansamos de acudir en su búsqueda a otros pueblos. Quizá porque queremos que prenda en nuestra gente la idea de compartir ese placer íntimo y personal de la lectura, de complementarlo con otras interpretaciones, otras miradas. Y construir así nuevos significados, con Otros, en esa permanente búsqueda de sentido que marca nuestras vidas. Cada cuento, cada novela, cada autor, nos acerca un mundo para visitar, para conocer, para desmenuzar. Y cada uno de esos mundos lo leeremos desde el marco de nuestro mundo de significaciones, desde nuestro Allen, desde nuestra realidad. Sabemos de la riqueza potencial de estos espacios. Sabemos de la paciencia que requiere su creación. Pero hay un clima especial en el pueblo, se huele en el aire que es el momento de comenzar.
A pocos días del Centenario
Todo llega, y el festejo del Centenario de mi pueblo ya está cerca. He leído muchas páginas abiertas en Facebook, noticias sobre los festejos. Me conmueve la gente que de pronto descubrió que en Allen hay pobres, y quieren solucionarles la vida de golpe... Me conmueve la gente que sigue pensando en un Allen con pretensiones de ciudad. Yo no lo siento así. Para mí Allen es un pueblo. Y además, un pueblo pobre. Como debe ser en este mundo del siglo XXI, pueblo pobre con una minoría de habitantes muy ricos. Pero eso pertenece a otro análisis. Lo que me ocupa hoy es la definición de este lugar. Lo llamo pueblo, no por la cantidad de habitantes, sino por las costumbres que conservamos los mismos. Seguimos ubicándonos en la ciudad mencionando los domicilios de algunos ciudadanos: "al lado de fulano, enfrente de sultano" y nos negamos sistemáticamente a aprendernos el nombre de las calles, su orden y su numeración. Recuerdo a un alumno que perdió en un concurso de un 25 de mayo, porque no identificó un cruce de calles, en el que estaba la Iglesia Católica de la ciudad, pero enfrente de la casa de ¡sus abuelos! Nos cuesta mucho separar las acciones de los hombres y mujeres en su vida cotidiana, que además son conocidas, casi, casi, como si fueran públicas, de sus acciones cuando ocupan cargos públicos. No hay anonimato en Allen, ese que experimentamos cuando vamos a Buenos Aires, o a Rosario, y nos sentimos libres, de alguna manera, sin el ojo vigilante de la vecina o del vecino. Ese anonimato va acompañado de cierta sensación de inseguridad psicológica... porque no estamos acostumbrados a que no nos reconozcan. Es la otra cara de esa momentánea libertad. Y ni pensar cuando vamos a un centro de salud en una gran ciudad. Ahí ya nos sentimos desprotegidos del todo. Nos faltan las caras conocidas de médicos y enfermeras, aunque no sean a los que vamos habitualmente, extrañamos los espacios, los olores, los tiempos que imprimen ritmos distintos a la vida. Estas cuestiones simples hacen que, personalmente, deseo que Allen siga siendo un pueblo. Que conservemos esa característica como una virtud. Que si alguien tiene vocación turística, "venda"Allen como un pueblo tranquilo de la patagonia, un lugar para descansar, alternar con gentes sencillas, leer, desestresarse, aprender, en una minivacación, a preparar dulces caseros, o conservas de frutos y verduras. Y bueno, a lo mejor haciendo esas cosas, dejamos de a poco de ser un pueblo "pobre", pero sin dejar de ser pueblo. Y no estoy en contra del progreso (sin entrar a discutir qué cosa significó el progreso para nosotros), especialmente, no estoy en contra del buen uso de la tecnología, y aquellos que me conocen pueden dar fe. Pienso que las redes sociales, la información difundida por Internet puede ayudarnos mucho, y si seguimos siendo un pueblo, ¿ por qué no atrevernos a soñar con un pueblo con WiFi, en donde todos tengan acceso a la Red?
domingo, 16 de mayo de 2010
La vuelta
Una vez me compré una remera por su inscripción, hace varios años. Todavía la uso para ir a gimnasia. Como no veo bien los colores, las prendas de vestir (y muchas otras cosas del mundo) me impactan por otras cuestiones diferentes que al común de la gente. Ésta remera en particular dice: "Voy a llegar muy lejos pero voy a volver". En cierta menera fue premonitoria. Me fui muy lejos durante dos años, y estoy volviendo. No sé dónde me fui. Lo que sí sé es para qué. Para no perder la cordura, para poder seguir, sea lo que sea que haya que seguir. Estoy de vuelta, o recién arribando, y me encuentro a mi pueblo cumpliendo 100 años. Y no puedo dejar de recordar a Dante planificando los 100 años del Juzgado, que serán dentro de uno o dos años, algo así. Pero los 100 del pueblo ya están aquí, la cuenta regresiva está marcándose en un hermoso reloj. Muchas personas trabajaron denodamente para realizar ideas muy lindas, como el paseo de las esculturas, el parque del Museo, murales, muestras varias, competencias deportivas. Mi amigo Héctor con los juegos de A.J.I.R.A, ya tradicionales del 25. Viene mucha gente, de distintos lugares del país, a la fiesta. A acompañarnos, a festejar también porque son allenses nativos o por adopción. Otros se van a pasear a otros destinos, aprovechando el fin de semana largo. Pero son los menos. No sé si hay ambiente festivo. Un amigo me decía que no, el otro día en el chat. Que la gente no estaba conforme con el Intendente (característica que define a Allen: pueblo-que-no-quiere-al-intendente-que-elige). Pero el Centenario no es del Intendente, no es de una Comisión, el Centenario es de la gente, es nuestro, y yo estoy segura que ese día las calles de Allen van a rebosar de gente, que paseará con sus hijos, niños que dentro de 50 años les contarán a sus nietos que ellos vivieron el Centenario. Y la gente, como puede, en forma silenciosa, se está preparando. Compran banderas, escarapelas, sus mejores galas... para decorar y decorarse... Y eso es lo que va a quedar. El recuerdo, los momentos que cada uno viva transformado en literatura. Algún escribidor lo recogerá en letras, y si no, serán palabras al viento que se grabarán en las mentes, y circularán de boca en boca, deformándose, agrandándose, pero perdurando a través de las memorias de las gentes. Qué bueno volver... a tiempo. Sé que no es casual que vuelva ahora, Hubo quienes me ayudaron, me buscaron para señalarme el camino de regreso. Graciela, Marylin, Graciano, Gladys, Oscar... son las voces que reconozco, además de las de mis hijos y mi hermana,que nunca me dejaron.
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